La primera encuesta electoral: alcances y límites de las encuestas

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El pasado 6 de marzo la Fundación Libertad y Desarrollo lanzó la primera encuesta electoral 2019 en el IV Encuentro Ciudadano. La encuesta fue realizada por la firma CID Gallup de una muestra de 1258 entrevistas de un universo de guatemaltecos mayores de 18 años y empadronados. Esto da un margen de error de un 2.8%.

Me gustaría aprovechar esta ocasión para hacer algunas aclaraciones generales en torno a las encuestas de opinión ya que muchas veces son objeto de reproches que obvian algunos aspectos fundamentales.

¿Una muestra de 1258 no es muy pequeña?

Naturalmente la estadística no es la asignatura favorita de muchos en el bachillerato y por eso tendemos a soslayar conceptos básicos. El tamaño de la muestra no es el factor más importante sino qué tan representativa es la muestra. Es decir, lo importante es que se haga un muestreo al azar para incluir a personas de distintas edades, niveles de ingreso, lugares de residencia, etc. La muestra se hace de tal forma que cualquier persona tendría la misma probabilidad de ser seleccionado para responder la encuesta.

Valga como ejemplo las encuestas electorales de los Estados Unidos donde de una población de más de 300 millones de habitantes las encuestas se hacen con una muestra de 1002 entrevistados. La encuesta que discutimos tiene más entrevistados en un país de aproximadamente 17 millones de personas. Por eso insisto en que la preocupación debe estar en lo representativa que sea la muestra más que en el tamaño de la misma.

La encuesta de Literary Digest de 1936:

De hecho uno de los episodios más estudiados es el fracaso de la encuesta de la revista Literary Digest en las elecciones presidenciales de EEUU de 1936. Fue la encuesta más cara que se recuerde y obtuvieron 2.4 millones de respuestas. Esta revista había acertado en las elecciones desde 1916 y tenía una gran reputación. Según esta gran encuesta, Landon (54%) derrotaría a Roosevelt (41%). Sin embargo, Roosevelt acabó ganando con el 61% de los votos en la elección. Literary Digest falló por casi 20 puntos, uno de los fracasos más grandes en la historia y una de las «muestras» más grandes de la historia. El tema es que de las 10 millones de tarjetas encuestadoras que enviaron, solo les respondieron 2.4 millones con lo cual la se descompuso la muestra original y eso dio pie al error. George Gallup (sí, de ahí la firma que lleva su apellido) condujo una encuesta con 5,559 entrevistados pero construyó una muestra con bases estadísticas más sólidas y predijo la victoria de Roosevelt en 1936. Desde entonces la firma Gallup goza de gran reputación.

¿No fallan frecuentemente las encuestas?

La gente reclama con frecuencia que las encuestas no aciertan. Se suele citar la victoria de Trump como un ejemplo de esto ya que en 2016 la mayoría de encuestas daban a Clinton como ganadora de la presidencia. El caso es que las encuestas daban 3 puntos de ventaja a Clinton en el voto popular y finalmente obtuvo 2 puntos de ventaja. Hasta ahí las encuestas acertaron.

Por el sistema de colegios electorales americano, Trump acabó ganando las elecciones pues en varios estados del llamado rust belt, la elección se tornó a favor de Trump por un estrecho margen. Por ejemplo, en Pennsylvania, Michigan y Wisconsin las encuestas daban a Clinton por ganadora y en las 6 elecciones anteriores estos Estados habían votado demócrata. Finalmente, Trump ganó esos Estados por un margen muy pero muy estrecho.

Por otra parte, los «indecisos» fueron cruciales. Una encuesta de Pew Research demostró meses después que la mayoría de votantes indecisos se decantó por Trump.

Por otra parte, se discute que la muestra de votantes pudo haber sobrerrepresentado a los estadounidenses que tienen títulos universitarios. Hay que recordar que la mayoría de votos para Trump venía de votantes con bajo nivel educativo y de zonas rurales o de ciudades pequeñas.

Otro caso frecuentemente citado es el de el proceso de paz en Colombia. La mayoría de encuestas daban por ganador al sí en el referendo convocado por el entonces presidente Juan Manuel Santos. Finalmente, el no triunfó con un cerradísimo 50.2% de votos. El caso colombiano ilustra uno de los problemas que tienen las encuestadoras en Guatemala también.

Resulta que para tener una muestra representativa se debe procurar que la composición de los encuestados corresponda a las características de la población en cuestión. La información marco que utilizan las encuestadoras es la que proveen los Institutos Nacionales de Estadística. De ahí es que sabremos cuál es la población total, qué rangos de edades, composición étnica, ruralidad y urbanidad, etc. En Colombia el último censo era de 2005 y en Guatemala el último censo publicado es el de 2002.

Por lo tanto, ciertas imprecisiones que pueda haber al momento de construir la muestra en nuestro país dependen más bien de la calidad de datos que nos proporciona el Estado que del trabajo de las firmas encuestadoras. Aun así, suelen tener otras estimaciones para intentar ajustar estas cifras. Esperemos que se publique próximamente el censo poblacional que se levantó el año pasado.

¿Confiamos o no en las encuestas?

Por supuesto que sí, si están bien hechas como la aludida al principio.  Lo importante es que comprendamos los límites de lo que nos pueden decir las encuestas. En este caso hay que agregar un ingrediente adicional: es una encuesta pre electoral ya que la campaña no ha comenzado formalmente. Lo que esta encuesta nos dice es que por nivel de conocimiento Sandra Torres está a la cabeza con 17.7%, Thelma Aldana en segundo lugar con 10.7% y Zury Ríos en tercer lugar con 7.9%.

También, no olvidemos, la encuesta nos dice que un poco más de un tercio de la población (34.4%) aún no sabe por quién votará. La encuesta nos da un claro diagnóstico de la posición en la que parten los candidatos y de los límites que tienen aquellos candidatos que gozan de un bajo porcentaje de reconocimiento público ya que a ellos les resultará difícil darse a conocer en 90 días de campaña y luego traducir ese conocimiento a un voto favorable efectivo. Ya veremos cómo se desenvuelve la campaña que arranca el próximo 18 de marzo. Las encuestas reproducen lo que la gente piensa en un momento determinado. Las cosas cambian y cambiarán en los próximos meses.

Un comentario

  1. La muestra se hace de tal forma que cualquier persona tendría *la misma* probabilidad de ser seleccionado para responder la encuesta.

    No es necesario que sea *la misma*. Basta con que sea conocida. Existen formas de compensar usando el inverso de la probabilidad de escogencia. En cuestiones de política frecuentemente se usan las autoponderadas como la que describe, pero no es necesario. De hecho, usar una muestra no autoponderada suele ser mucho más eficiente en cuanto a tamaño de muestra y tamaño de intervalos de confianza.

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